El Puerto sumergido

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Hace algunos años, el lugar era conocido como El Puerto: una línea de tierra, estrecha y sinuosa, que se alargaba paralela al mar, como una serpiente que respiraba aire caliente, húmedo y salado. La música sonaba a todas horas e inspiraba sentimientos de euforia y gratitud sobre quienes residían aquí. Esa predisposición a la alegría aún permanece, a pesar de las circunstancias. 

En el pedacito de tierra allende las olas se dispersaban los puestos de venta de comida típica de la zona, donde las familias y amigos se reunían a compartir un churchill, un ceviche o un vigorón. Las rocas se improvisaban cual sillones tallados por el salitre, para bailar sobre ellas durante los carnavales o sentarse a contemplar el mar, ver los barcos llegar, y luego siempre partir. 

Con el paso del tiempo, el nivel del mar subió, el clima arreció, las temporadas seca y lluviosa eran cada vez más extremas, y el pueblo fue cambiando. En el año 2028, uno de tantos huracanes lo inundó todo y, a diferencia de otras ocasiones, el agua ya no volvió al océano; tomó posesión y reinó sobre lo que antes era costa. El pedacito de tierra quedó sumergido. 

Cuando la arena se asentó y el agua comenzó a transparentarse, los habitantes notaron que la inundación sería perenne. Muchos prefirieron migrar hacia zonas más altas; otros, tomaron la decisión de quedarse y adaptar sus casas, sus negocios y su estilo de vida. 

Con el paso del tiempo, la comunidad se convirtió en un ejemplo a nivel mundial de adaptación al cambio climático. Las viviendas fueron reconstruidas sobre plataformas flotantes, aunque firmemente ancladas; y con ese mismo sistema erigieron escuelas, centros de salud, hogares de ancianos, una planta de desalinización y potabilización, y un parque acuático, porque agua sobraba para lanzar por los cielos. Los automóviles fueron sustituidos por lanchas, las bicicletas ahora pedaleaban sobre la superficie del agua, y el transporte público devino en buses con propela y motor de hidrógeno. Se diseñaron parcelas flotantes para hacer huertas marítimo-urbanas y, cuando el clima no era favorable, todas se unían para resistir.

El estilo de vida de la comunidad, previo a la inundación, facilitó que sus habitantes tuvieran más herramientas para adaptarse. Los poblados que subsistían de la pesca artesanal le enseñaron a otros a pescar de manera sostenible; sólo extraían del mar lo que necesitaban consumir. Otros pueblos, con sabiduría ancestral, compartieron conocimientos sobre cómo recuperar el mangle que había sido destruido por el metal y el plástico de las construcciones industriales. Especies de peces, crustáceos y moluscos que se creían desaparecidos y que no se veían en la zona desde hacía décadas, volvieron a multiplicarse. 

Las personas que una vez habían decidido subir a las montañas tras la inundación, fueron retornando poco a poco al vislumbrar que sí era posible vivir, y vivir feliz y dignamente, en el pueblo donde habían nacido. Aprendieron nuevas formas de emprender, compartir, relacionarse y crear familias. El sentido de comunidad regresó, pues era lo que les permitía seguir subsistiendo. 

La ausencia de incentivos y programas gubernamentales había sido una constante histórica para esta comunidad, por lo que crearon otros medios de gobernanza y representación. Estaban tan olvidados, que en la capital demoraron en notar todos los cambios. El gobierno de la nación quiso catalogar la experiencia como “un caso de éxito”, e instauró una Comisión para los Asuntos del Puerto Sumergido, pero ya era demasiado tarde: los asuntos ya habían sido resueltos y no había nada que comisionar; la política pública había sido trasplantada por la política comunitaria. 

En esta historia ficticia sobre una población costera costarricense, podemos identificar fortalezas de una comunidad resiliente, coordinada y adaptable. Podría parecer un escenario utópico, pero en los ejercicios de escenarios futuros siempre hay alguien que gana, y otros que pierden; diferentes lados a una misma moneda: cambio y resistencia. En este caso, una comunidad que se adapta a vivir en condiciones previamente adversas puede generar reacciones en el sistema de personas que se quieran aprovechar del éxito. 

¿Cómo sería vivir en un escenario así? ¿Qué implicaciones puede tener para las personas que ahí habitan? ¿Qué más podríamos imaginar, para adaptarnos?

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